Todo el mundo habla de los tablets, de cómo están sustituyendo a los PC’s y de que el futuro es de la movilidad.
Yo, sin embargo, tengo gustos distintos.
Y es que, aunque esté disfrutando del tablet y la libertad que me permite, quiero tener una buena potencia a la que echar mano en caso de necesitarlo.
Y no sólo en el trabajo, donde necesitamos enormes hojas de cálculo capaces de manejar literalmente cientos de miles de datos. Me refiero a que cuando estoy en casa quiero poder jugar a juegos si me apetece, o ver una peli con buena calidad, o escuchar música mientras escribo, o qué demonios, usarlo para colaborar con algún proyecto de Boing para cambiar el mundo.
Las posibilidades de los ordenadores son muchas, no os las voy a descubrir yo, y muchas de ellas requieren algo más de potencia de la que un simple tablet puede conseguir por ahora.
Lo bueno que tiene es que no son opciones excluyentes. Allí donde uno tiene potencia y el otro versatilidad, la combinación de ambos con otros elementos del hogar puede crear un ecosistema que sólo unos pocos privilegiados pueden vislumbrar. Conectar el PC con la televisión y manejar ambos con el tablet, o mejor, conectar nuestra televisión con la televisión de nuestros amigos o familiares para compartir juegos, videoconferencias o proyectos en conjunción con los demás equipos del hogar.
Nos espera un futuro alucinante que apenas podemos vislumbrar, pero lo que sí sé, es que quiero disfrutar de todas las posibilidades a mi elección.
Quiero herramientas increíbles en la nube, un ordenador potente para correr programas potentes y gadgets alucinantes para usarlos donde quiera, y los quiero todos conectados a mi gusto.
Qué le vamos a hacer, soy un tipo ambicioso.