Hoy me ha venido a la mente de nuevo este post publicado en Pymes y Autónomos que “llamaba” a los empresarios a dejar de pagar sus impuestos.
Y ha sido al pasear por mi barrio.
En este país todos se quejan, se quejan los políticos, se quejan los empresarios, se quejan los trabajadores, se quejan los funcionarios…pero ¿y los ciudadanos? Esa clase compuesta por todos los anteriores en su vertiente casera.
Quizás los ciudadanos también deberíamos dejar de pagar impuestos municipales.
Pagamos el impuesto de matriculación y circulación para mantener unas infraestrcuturas mínimas que, la mayoría de las veces, están hechas un desastre en nuestras ciudades (el tema del aparcamiento es sangrante en cuanto a las soluciones que se plantean los consistorios, tanto el pago como los aparcamientos en alquiler por 50 años).
Pagamos una ecotasa, pero luego somos nosotros los que reciclamos, y muchas veces se ha denunciado que nuestro esfuerzo en separar residuos acaba con todos ellos mezclados en el vertedero.
Pagamos impuestos por una sanidad cada día más dejada de lado de la mano de nuestras comunidades.
Pagamos, en fin, por unos servicios que no nos llegan, o que debemos asumir nosotros mismos por la dejadez de nuestros políticos.
Las asociaciones culturales aportan más a la cultura de un municipio que la concejalía de cultura de presupuestos cada vez más famélicos, las asociaciones de diabéticos informan sobre cómo controlar esta enfermedad, las ONG´s ecologístas organizan plantaciones de árboles, o limpieza de zonas especiales, cosa que debería ser función de los gobiernos locales y autonómicos, y los padres de personas autistas se organizan para cuando ellos falten, algo que debería venir del Estado.
Ante este panorama, la duda es si los ciudadanos no deberíamos comprometernos más con nuestro propio bienestar y el de nuestros vecinos y conciudadanos, y hacer saltar el sitema arrojándole a la cara su ineficiencia a los políticos.
Nada sería más fácil con la ayuda de todos que dejar en ridículo a cualquier consistorio con la ayuda de jovenes, parados, jubilados y trabajo de voluntarios que organizasen actuaciones culturales en los barrios, concursos, talleres, cursos de formación en nuevas tecnologías, servicios de limpieza, salidas a la montaña, etc.
Algo que nuestros ayuntamientos no parecen capaces de hacer, y que los ciudadanos podríamos lograr con un poco de ilusión.