Riqueza 2.5

17 agosto 2009

Energía, la nueva revolución P2P y generación ecológica

Archivado en: Energía,Medio Ambiente,Prosumismo — Francisco @ 16:10

   Nadie duda, en estos tiempos de cambio y de subidas en los precios de la energía, que el suministro y la generación eléctricos son uno de los pilares básicos que marcarán nuestras sociedades en los próximos años.

   Quizás por ello hemos escogido este artículo como uno de los primeros para inaugurar este portal.

   El planteamiento energético de una ciudad será, en los próximos años, tan importante como el urbanismo o el empleo en la misma.

   En un mundo nuevo, cambiante, donde la medida de nuestros logros se va a ver limitada únicamente por tres factores, la disposición de energía, el talento humano y la capacidad de computación, garantizar el suministro de todos ellos a nuestra ciudad debe ser prioritario.

El escenario actual

   Hoy día, la generación y distribución de energía está lejos de ser la óptima para la ciudad y sus habitantes.

   Nadie duda ya del cambio climático (excepto unos cuantos mercenarios pagados para ello) que las emisiones de CO2 y metano están causando. Tampoco que los habitantes de las ciudades son, directa o indirectamente responsables de gran parte de estas emisiones.

   Son los receptores de inmensas cantidades de energía, los consumidores de productos, viviendas y bienes que agotan los recursos energéticos al tiempo que emiten millones de toneladas de gases de efecto invernadero a la atmósfera. Es el transporte urbano (o interurbano) una de las actividades más contaminantes del ser humano, y el crecimiento de las ciudades amenaza tierras de cultivo y bosques por igual.

   En este escenario, que dista mucho de ser ideal, la concepción de un nuevo modelo de ciudad pasa por una serie de medidas y rediseños que afectan directamente a la energía.

Un sistema de generación renovable y limpio.

   Una de las principales medidas que se pueden tomar para mejorar la eficiencia energética es favorecer e impulsar el reciclaje. Sin embargo, si nos lo permiten, dejaremos este tema para otra ocasión, y nos centraremos en la generación y en la distribución.

   Es importante decir, a la hora de diseñar el sistema energético de una nueva ciudad qué tipo de generación queremos.  Queda patente que el actual no es sostenible, y cualquier diseño que se haga basado en él quedará obsoleto en pocos años, y comprometerá el desarrollo futuro, así como grandes inversiones de adaptación.

   Es importante en este caso, y hasta que se decida globalmente qué camino debe seguir el ser humano para reducir las emisiones, que ninguna nueva posibilidad se deje de lado.

   Por ese motivo, una ciudad que se base en las premisas de libertad, igualdad de oportunidades, crecimiento sostenible y que pretenda, como es el caso, dar el mayor número de oportunidades a sus ciudadanos para ser felices, debe contar con métodos de generación que la haga, si no completamente, al menos sí parcialmente autónoma.

   Eso no significa que se deba buscar la autarquía energética  a toda costa, pero sí que deben incluirse en la ciudad elementos de eficiencia energética, generación individual e intercambio de energía que conviertan a cada familia, hogar u oficina, en un centro de producción e intercambio además de en lugares de consumo.

   Redes P2P de energía

   Todo el mundo parece estar de acuerdo en la revolución que las redes P2P suponen en la actualidad. Para bien o para mal, según a quién se pregunte. Pero nadie que la conozca puede negar que su potencia como distribuidor de contenidos está revolucionando el mundo.

   Con la tecnología actual es fácil especular que, en un par de años, sería posible crear una red de intercambio de energía que cubriese toda la ciudad, usando las actuales líneas eléctricas, y en la que cada ciudadano pudiese vender o comprar la energía excedente en su propia casa o vehículo.

   Este sistema cuenta con la inmensa ventaja de que, al contrario que las redes P2P informáticas, en la energética el usuario intercambiaría algo que ha producido el mismo, por lo que no habría ninguna restricción moral o legal para ello.

   La amenaza para las empresas generadoras y distribuidoras actuales es evidente. Si cada uno puede producir en su propia casa un 25% ó un 40% de la energía que consume anualmente, el negocio de estas empresas se verá gravemente afectado.

   Desde luego podrían conseguir beneficios d la gestión y mantenimiento de esta red, pero no serán tan grandes como los que obtienen ahora de la generación y suministro.

   Ese es uno de los principales escoyos a la hora de diseñar un sistema energético para una ciudad más libre.

   La generación ecológica

   Sin embargo, no es el único. La dificultad actual para disponer de sistemas de obleas o placas solares, molinos eólicos u otras fuentes de energía alternativas tampoco son un problema menor.

   El coste de una instalación solar puede variar de una decena a varias decenas de miles de euros. Y el mantenimiento sigue siendo todavía bastante costoso.

   Así mismo, una de las excusas que suele citarse a la hora de criticar las energías alternativas, quizás la principal, es que su capacidad depende demasiado de factores naturales que no están siempre presentes, como el viento y el sol.

   Sin embargo, con una racional combinación de todas ellas, y sistemas de ahorro y eficiencia energéticos, sólo en los hogares se podría generar un 30% de la energía que consumen.

   No se trata, como hemos dicho, de conseguir la autarquía económica, sino de reducir la dependencia de los ciudadanos respecto a la energía de fuera, al tiempo que reducimos las emisiones de dióxido de carbono y mantenemos un crecimiento económico sostenible.

   Evidentemente, los cambios iniciados en la ciudad no bastarán para solucionar el cambio climático, pero pueden ser unidos a transformaciones similares en los huertos solares, los parques eólicos, y las pequeñas centrales de biomasa que aprovechen los recursos del bosque al tiempo que permiten su mejor conservación. La combinación de todos estos factores reducirá mucho la dependencia de una ciudad respecto a sistemas de generación eléctrica contaminantes, y permitirá dar un paso más hacia un modelo menos centralizado, y por lo tanto más libre para el ciudadano, de aprovechamiento de la energía.

   El papel de ayuntamientos y las administraciones

   La mayoría de los expertos en política energética coinciden en que estos cambios no se producirán con la rapidez suficiente si no se produce un impulso de las administraciones públicas, estados nacionales y organismos internacionales.

   En nuestra ciudad, es importante que tanto ayuntamiento, como organismos estatales superiores, promuevan la adopción de medidas de eficiencia energética, apero también la instalación de paneles solares no sólo en los edificios de nueva construcción, sino también en los de segunda mano.

   El papel del Estado es imprescindible, pues las empresas eléctricas jamás van a permitir que la generación de energía, y la distribución, recaiga en manos de los ciudadanos, terminando de facto con su monopolio.

   Es a los ciudadanos y a sus representantes a quienes corresponde presionar por un cambio que permita que una ciudad reduzca un 30 ó 40% sus emisiones de CO2, al tiempo que mantiene un compromiso firme con el crecimiento y la creación de riqueza que permitan el objetivo final marcado. Que es, ni más ni menos, que hacer al ciudadano de la misma realmente libre.

La Evolución de la Ecología

Archivado en: Medio Ambiente — Francisco @ 13:17

Introducción

 

Tal vez debamos reconocer algo que quienes llevan décadas luchando por la conservación del medio ambiente no quieren, o no pueden admitir. Quizás hemos perdido esta guerra.

Batalla tras batalla se ha ido retrocediendo, y sólo pequeñas victorias han quitado el sabor agrio de la derrota haciéndolo más digerible.

            Mientras nos centrábamos en proteger un hayedo, reciclar o defender una especie, hemos sido derrotados en las batallas importantes.

            Tal vez sea ya imposible detener el cambio climático, o la destrucción masiva de la biodiversidad. Tal vez los organismos políticos y económicos de nuestras naciones hayan ganado la batalla y hayan impuesto su paradigma liberal en todo el mundo. Incluso en aquellos países que lo rechazan a priori, las multinacionales campan por sus respetos, haciendo y deshaciendo, sobre todo deshaciendo, el medio ambiente y a la gente que vive de él.

            ¿Significa eso que debemos rendirnos? En Palabras de Alan Moore, tan de moda ahora que se va a estrenar V de Vendetta, un film basado en una de sus obras, no. Nunca rendirse, ni ante el Apocalipsis.

            Así ¿cómo debe evolucionar la nueva ecología para poder tener una esperanza de supervivencia? ¿De retornar a lo natural sin renunciar al progreso?

           

La posible respuesta

 

Uniéndonos al enemigo. Jugando con sus reglas. Y siendo mejor que ellos en el juego.

Stuart L. Pimm y Clinton Jenkins calcularon en un artículo de Scientific American (publicado en Castellano por Investigación y Ciencia), que con 5.000 millones de dólares se podrían adquirir los derechos de explotación de los bosques de pluriselva que permanecen vírgenes. A esa cifra habría que añadir una gran cantidad de dinero (digamos otros 5.000 millones) para educar a las poblaciones limítrofes en técnicas alternativas para aprovechar los recursos naturales y establecer economías sostenibles.

Evidentemente, proteger los recursos selváticos así adquiridos no bastaría para detener el cambio climático. Deberían adquirirse también otro tipo de recursos capaces de defender el medio ambiente, bien porque sean indispensables para nuestro planeta, bien porque ofrezcan alternativas reales a productos contaminantes o altamente destructivos.

Si los grupos ecologistas pudiesen organizarse para centrar sus esfuerzos en esas áreas, dejando las batallas menores a voluntarios que deberán redoblar sus esfuerzos, podrían reunir los recursos necesarios para ellos. Diez dólares por persona de cada país desarrollado bastarían ara poner en marcha la primera parte de la operación. Para la segunda, se necesitaría más.

Si las asociaciones ecologistas y ONG´s medioambientales, así como las demás que tengan interés en dotar a los países en vías de desarrollo de medios de subsistencia sostenidos y sostenibles, deberían promover la creación de empresas que ofrezcan alternativas a otras más contaminantes y destructivas.

Por ejemplo, crear una empresa que mejore la investigación y las técnicas de  producción de energías alternativas, como las placas solares o la pila de hidrógeno, podrían ofrecer una alternativa al consumo de petróleo. Piscifactorías modernas que cultiven algas y especies marinas para terminar con la sobreexplotación pesquera, investigación en materiales aislantes ecológicos. Los ejemplos son tantos, y los frentes abiertos tan amplios, que seleccionarlos será uno de los primeros problemas que deberán solventarse.

Desde luego, el dinero que debería invertirse sería ingente, más de lo que este tipo de asociaciones pueden reunir en este momento, por el momento.

Pero a medida que los problemas se hagan más acuciantes será cuestión de supervivencia que más y más gente se de cuenta del problema, y se apreste a ayudar.

 

El Objetivo

 

            El objetivo de estas acciones es ofrecer una alternativa al liberalismo, y arrebatarle los recursos que va a destruir utilizando sus propias armas, el dinero y la presión política y social.

            Para ello, las principales ONG´s medioambientales deberán unirse y coordinarse, centrándose en esos objetivos, y dejando en manos de otras más pequeñas, o voluntarios individuales, la lucha por otros recursos (ecoaldeas, protección de bosques y parques, especies autóctonas, presión a los ayuntamientos y empresas)

            La coordinación debería ser una prioridad, así como decidir qué recursos adquirir y donde invertir. Esta decisión no puede dejarse en manos de una sola asociación o persona, y su selección debe hacerse atendiendo a criterios de largo plazo, eficiencia e impacto. ¿De qué sirve proteger la Antártida si dentro de veinte años las emisiones de CO2 le habrán arrebatado los hielos eternos y las especies que allí viven hoy en día se habrán extinguido? Habrá que atacar el problema de raíz.

            La rapidez de actuación y decisión debe ser similar a la de las empresas modernas, eligiendo los objetivos y realizando campañas de protección, compra e investigación de forma efectiva. Las organizaciones ecologistas deben evolucionar si no queremos perder más batallas. Puede que hayamos perdido la guerra que libramos para proteger la Tierra, pero la guerra que libraremos para proteger lo que nos queda, y nuestras vidas, no podemos permitirnos perderla.

            Si queremos ganarla, los ecologistas deben mejorar sus formas de actuación, deben ser más rápidos, inteligentes y, en cierta forma, agresivos, en el sentido suave de la palabra. Esto significa perder el miedo al mundo de los negocios, empezar a combatir en el terreno de juego que otros han preparado, y ser, no queda otro camino, mejores que los creadores del juego.

            A esto hemos llegado, a pelear por las sobras que nos quedan, para que nuestros hijos puedan sobrevivir. Para que el cambio climático no nos arrebate todo lo que amamos y que hemos construido, debemos luchar con las reglas que el mercado impone, ser inteligentes, seguir luchando, pero mejor. Aprendiendo a concentrarnos en lo importante, para no dispersarnos en batallas que, como en el pasado, mermaron nuestros recursos y nos han hecho perder la guerra frente a un enemigo incalculablemente más poderoso y abrumador.

            Debemos adquirir los recursos que en el futuro las empresas querrán, para  estar en posición de negárselos, y evitar que continúen destruyendo todo lo que quede. Y que lo sepan.

Contabilidad Medioambiental

Archivado en: Medio Ambiente — Francisco @ 13:16

   Las diferentes varas de medir la creación de riqueza, así como la entrada en funcionamiento de las Normas internacionales Contables, y los tristes casos de ingeniería financiera de nuestra historia reciente nos hacen plantearnos la pregunta de si realmente estamos creando riqueza con nuestro trabajo  nuestro esfuerzo o cabría la posibilidad de que en realidad nuestro progreso esté fundamentado en una explotación no sostenible de los recursos.

  En este artículo voy a dar mi opinión sobre el tema, y espero convencer al lector, de que la respuesta a esta pregunta no es el sí tan rotundo como nuestros economistas proclaman.

   La Nueva Contabilidad

   Desde luego, nadie, ni el más ciego y fanático de los hombres puede negar que una buena parte de nuestro progreso se debe, sin duda, al consumo de recursos naturales.

   La teoría económica ha ido refinando, con el paso de los años, una serie de instrumentos cada vez más enfocados y más afinados para medir y alentar la creación de riqueza. La cadena de valor, el sistema de costes ABC, el Seis Sigma. Nombres rimbombantes que esconden un intento de desmenuzar las fuerzas, procesos y materiales que intervienen en el proceso económico.

   Las escuelas de negocio, los foros económicos, las revistas y periódicos especializados, las conferencias y libros sobre el tema se llenan la boca con ellos, pretendiendo descubrir en un nuevo concepto la piedra filosofal que hará a las empresas descubrir o crear el nuevo Eldorado.

   Cualquiera que estudie someramente el tema, no en profundidad, sino así, de pasada, notará un inmenso vacío en todos los procesos estudiados por los expertos. Se estudia el área de Recursos Humanos, la financiera, la de producción, ingeniería, aprovisionamientos, estrategia, competencias fundamentales, barreras de entrada, sectores económicos…

   Sin embargo, no parece existir un sistema serio, práctico y eficiente que permita analizar el impacto medioambiental y social de una empresa.

   Existen algunos principios que lo hace a nivel macroeconómico, esto es, grandes efectos de la contaminación, la tala y explotación de bosques y minas. Pero a nivel macroeconómico, la mayor parte de los impactos medioambientales y sociales pasan de largo por nuestras contabilidades. Como fantasmas de seres muertos.

   Esto lo ha puesto más en evidencia la aplicación en algunos países del Protocolo de Kyoto (que no han aceptado ni sancionado todos los países desarrollados, un crimen moral que pasará factura a quienes lo han cometido en los anales de la Historia, que no olvida, ni se rescribe más allá de unas pocas décadas).

   Las empresas de los países que lo han ratificado y aplicado están ahora sufriendo un incremento de sus costes que les ha llevado a elevar protestas públicas por ello. Es ahora cuando deben pagar siempre que sobrepasen las cuotas establecidas para ellas, comprando derechos de emisión.

   La indignación debería surgir más en sentido contrario, pues este hecho pone de manifiesto que estas empresas y los consumidores han estado consumiendo un recurso de todos (aire limpio). Este coste encubierto, que no ha sido reflejado hasta ahora en su contabilidad supone que la riqueza que se suponía que habían creado se reduzca de manera considerable.

   Para hacernos una idea, imaginemos que todas las empresas repercuten en sus costes el impacto positivo o negativo que tienen en el medio o en la sociedad. Petroleras que destruyen paraísos naturales, el vertido en el parque de Doñana, contaminación de los ríos y los mares, la extinción completa de una especie animal. Pero vayamos un poco más allá, miramos más cerca para ello. Y el estrés laboral causado por malas prácticas empresariales, los problemas familiares generados, ¿no es un daño que la empresa produce a la sociedad y que impedirá a ésta contar con un miembro valioso de la comunidad, y al mismo tiempo a soportar unos costes médicos?

   Por el lado contrario, también ha empresas que apoyan realmente la vida privada de sus empleados, invierten en medioambiente de una forma más efectiva que una mera campaña de marketing, etc.

   El problema queda así delimitado y reconocemos la magnitud del problema al que nos enfrentamos.

   Al igual que para la redacción de las Normas Internacionales Contables (NIC) se han requerido miles de expertos, y el trabajo de años, décadas incluso, la redacción de esta Normativa de Contabilidad Ambiental y Social (NCAS) llevará muchas décadas, el trabajo de ingentes cantidades de contables analíticos, expertos en costes, financieros, etc.

   La única pega, es que si bien la nuevas normas contables han ido redactadas espontáneamente con el fin de proteger los intereses de los grandes inversores, el estudio del impacto medioambiental conlleva un rechazo implícito por parte de los mismos que deben redactarlas e implantarlas, pues supondrá quitarnos las vendas que nos hemos impuesto.

  Y conocer, de verdad, de una vez por todas, la verdad sobre nuestra sociedad y hacia donde vamos.

La defensa de la Naturaleza, un nuevo nivel

Archivado en: Medio Ambiente — Francisco @ 13:16

La Naturaleza lo es todo, pero generalmente suelo referirme a ella pensando en términos de vida y relaciones de especies vivientes con el entorno.

La defensa de la Naturaleza ha sido parte de mí desde los ocho o nueve años. En un problema de matemáticas la profesora nos planteaba cuántas cebras quedarían en un zoo si una inundación mataba a un número de ellas.

Lo que debía ser una simple resta se convirtió para mí en una pregunta. ¿Por qué tenía que morir ninguna? ¿Es que el hombre era incapaz de salvar a unos animales a los que tenía bajo su cuidado?

La pregunta llevába implícita otra mayor. ¿El hombre era capaz de cuidar su entorno?

Diréis que allá por los años 80, que un niño se preocupase de estas cosas era una absoluta tontería, pero en vista de cómo ha cambiado el panorama mundial, creo que se ha demostrado que fui un visionario que se unió a otros que entendieron que el Hombre había llegado a un punto en el que estaba poniendo en peligro su propia existencia.

Defender ahora la Naturaleza se ha convertido en un acto cotidiano para cualquiera que sienta un poco de empatía por sus semejantes y no sea un aspirante a psicópata sin sentimientos.

Ahorrar agua, energía, un consumo responsable de recursos son cosas que hacemos dirariamente o que deberíamos hacer, por nuestro propio bien.

Pero cualquiera que tenga dos dedos de frente verá que esto no es suficiente. Es indispensable, pero hay que hacer más.

Hay que llevar la lucha a un nivel superior, presionar a empresas y políticos, enseñarles que estamos preocupados, y que si ellos no se preocupan no podrán cumplir sus propios objetivos, ya sea ser reelegidos, o vendernos una tele de plasma.

Si las empresas no cumplen las normas de protección ambiental que nosotros establezcamos (que deben ser más restrictivas que las normas impuestas por ley) entonces no les compraremos.

Por ejemplo, Coca-Cola consumía legalmente el agua de acuíferos destinados a la agricultura en países donde había escasez de alimentos. fue la presión de todos nosotros la que logró que se comprometiese a no continuar con estas prácticas dañinas. Y debe ser nuestra viviglancia la que haga que de verdad lo cumpla y vaya más allá de las palabras.

De la misma forma, permitir que irresponsabilidades con ánimo de especulación, como la remodelación de una carretera para favorecer una zona innobiliaria, poniendo en peligro zonas de alto valor ecológico debería costarle el puesto a una administración.

Si no lo hacemos así, si no les hacemos responsables de sus actos, y toleramos esto en aras de que son la tónica habitual, entonces no somos los suficientemente buenos para este mundo.

No se puede justificar de ninguna manera un mal en aras del beneficio a cualquier precio. En determinadas cuestiones, como la supervivencia de nuestros hijos, no hay grises.

Las cosas son blancas o negras.

Y ese es el error que el ciudadano de a pie comete, que cometemos.

Creemos que con reciclar es suficiente, cuando nuestra principal labor debería ser vigilar a los políticos y empresas de nuestro entorno para comprobar que no destruyen lo que tanto esfuerzo nos está costando crear.

 

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