Nadie duda, en estos tiempos de cambio y de subidas en los precios de la energía, que el suministro y la generación eléctricos son uno de los pilares básicos que marcarán nuestras sociedades en los próximos años.
Quizás por ello hemos escogido este artículo como uno de los primeros para inaugurar este portal.
El planteamiento energético de una ciudad será, en los próximos años, tan importante como el urbanismo o el empleo en la misma.
En un mundo nuevo, cambiante, donde la medida de nuestros logros se va a ver limitada únicamente por tres factores, la disposición de energía, el talento humano y la capacidad de computación, garantizar el suministro de todos ellos a nuestra ciudad debe ser prioritario.
El escenario actual
Hoy día, la generación y distribución de energía está lejos de ser la óptima para la ciudad y sus habitantes.
Nadie duda ya del cambio climático (excepto unos cuantos mercenarios pagados para ello) que las emisiones de CO2 y metano están causando. Tampoco que los habitantes de las ciudades son, directa o indirectamente responsables de gran parte de estas emisiones.
Son los receptores de inmensas cantidades de energía, los consumidores de productos, viviendas y bienes que agotan los recursos energéticos al tiempo que emiten millones de toneladas de gases de efecto invernadero a la atmósfera. Es el transporte urbano (o interurbano) una de las actividades más contaminantes del ser humano, y el crecimiento de las ciudades amenaza tierras de cultivo y bosques por igual.
En este escenario, que dista mucho de ser ideal, la concepción de un nuevo modelo de ciudad pasa por una serie de medidas y rediseños que afectan directamente a la energía.
Un sistema de generación renovable y limpio.
Una de las principales medidas que se pueden tomar para mejorar la eficiencia energética es favorecer e impulsar el reciclaje. Sin embargo, si nos lo permiten, dejaremos este tema para otra ocasión, y nos centraremos en la generación y en la distribución.
Es importante decir, a la hora de diseñar el sistema energético de una nueva ciudad qué tipo de generación queremos. Queda patente que el actual no es sostenible, y cualquier diseño que se haga basado en él quedará obsoleto en pocos años, y comprometerá el desarrollo futuro, así como grandes inversiones de adaptación.
Es importante en este caso, y hasta que se decida globalmente qué camino debe seguir el ser humano para reducir las emisiones, que ninguna nueva posibilidad se deje de lado.
Por ese motivo, una ciudad que se base en las premisas de libertad, igualdad de oportunidades, crecimiento sostenible y que pretenda, como es el caso, dar el mayor número de oportunidades a sus ciudadanos para ser felices, debe contar con métodos de generación que la haga, si no completamente, al menos sí parcialmente autónoma.
Eso no significa que se deba buscar la autarquía energética a toda costa, pero sí que deben incluirse en la ciudad elementos de eficiencia energética, generación individual e intercambio de energía que conviertan a cada familia, hogar u oficina, en un centro de producción e intercambio además de en lugares de consumo.
Redes P2P de energía
Todo el mundo parece estar de acuerdo en la revolución que las redes P2P suponen en la actualidad. Para bien o para mal, según a quién se pregunte. Pero nadie que la conozca puede negar que su potencia como distribuidor de contenidos está revolucionando el mundo.
Con la tecnología actual es fácil especular que, en un par de años, sería posible crear una red de intercambio de energía que cubriese toda la ciudad, usando las actuales líneas eléctricas, y en la que cada ciudadano pudiese vender o comprar la energía excedente en su propia casa o vehículo.
Este sistema cuenta con la inmensa ventaja de que, al contrario que las redes P2P informáticas, en la energética el usuario intercambiaría algo que ha producido el mismo, por lo que no habría ninguna restricción moral o legal para ello.
La amenaza para las empresas generadoras y distribuidoras actuales es evidente. Si cada uno puede producir en su propia casa un 25% ó un 40% de la energía que consume anualmente, el negocio de estas empresas se verá gravemente afectado.
Desde luego podrían conseguir beneficios d la gestión y mantenimiento de esta red, pero no serán tan grandes como los que obtienen ahora de la generación y suministro.
Ese es uno de los principales escoyos a la hora de diseñar un sistema energético para una ciudad más libre.
La generación ecológica
Sin embargo, no es el único. La dificultad actual para disponer de sistemas de obleas o placas solares, molinos eólicos u otras fuentes de energía alternativas tampoco son un problema menor.
El coste de una instalación solar puede variar de una decena a varias decenas de miles de euros. Y el mantenimiento sigue siendo todavía bastante costoso.
Así mismo, una de las excusas que suele citarse a la hora de criticar las energías alternativas, quizás la principal, es que su capacidad depende demasiado de factores naturales que no están siempre presentes, como el viento y el sol.
Sin embargo, con una racional combinación de todas ellas, y sistemas de ahorro y eficiencia energéticos, sólo en los hogares se podría generar un 30% de la energía que consumen.
No se trata, como hemos dicho, de conseguir la autarquía económica, sino de reducir la dependencia de los ciudadanos respecto a la energía de fuera, al tiempo que reducimos las emisiones de dióxido de carbono y mantenemos un crecimiento económico sostenible.
Evidentemente, los cambios iniciados en la ciudad no bastarán para solucionar el cambio climático, pero pueden ser unidos a transformaciones similares en los huertos solares, los parques eólicos, y las pequeñas centrales de biomasa que aprovechen los recursos del bosque al tiempo que permiten su mejor conservación. La combinación de todos estos factores reducirá mucho la dependencia de una ciudad respecto a sistemas de generación eléctrica contaminantes, y permitirá dar un paso más hacia un modelo menos centralizado, y por lo tanto más libre para el ciudadano, de aprovechamiento de la energía.
El papel de ayuntamientos y las administraciones
La mayoría de los expertos en política energética coinciden en que estos cambios no se producirán con la rapidez suficiente si no se produce un impulso de las administraciones públicas, estados nacionales y organismos internacionales.
En nuestra ciudad, es importante que tanto ayuntamiento, como organismos estatales superiores, promuevan la adopción de medidas de eficiencia energética, apero también la instalación de paneles solares no sólo en los edificios de nueva construcción, sino también en los de segunda mano.
El papel del Estado es imprescindible, pues las empresas eléctricas jamás van a permitir que la generación de energía, y la distribución, recaiga en manos de los ciudadanos, terminando de facto con su monopolio.
Es a los ciudadanos y a sus representantes a quienes corresponde presionar por un cambio que permita que una ciudad reduzca un 30 ó 40% sus emisiones de CO2, al tiempo que mantiene un compromiso firme con el crecimiento y la creación de riqueza que permitan el objetivo final marcado. Que es, ni más ni menos, que hacer al ciudadano de la misma realmente libre.
